Ser Honestos

Sabemos que cuando ingresamos al mundo laboral nos sometemos a las reglas que éste tiene y por consiguiente empezamos a asumir muchos riesgos y situaciones que no habíamos tenido antes, durante el tiempo de los juegos o del estudio.

Esta situación nos lleva a firmar un contrato laboral que nos vincula con alguna institución de la cual dependemos para poder vivir. Sabemos también, que este contrato en algún momento se puede cortar, sea por iniciativa nuestra o por la de quien nos emplea.  Es una de las reglas del juego.

Como en toda dinámica humana nos es imposible no adjudicar juicios de valor a lo que realizamos, lo que nos lleva a catalogar las cosas como correctas o incorrectas, buenas o malas, lícito o ilícito, etc.

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El juicio de valor proviene cuando, sobre la materia a tratar se miden las acciones de un comportamiento.  El comportamiento es, la mayoría de las veces, expresión de un pensamiento o de una forma de concebir la vida y sus circunstancias. Todas las personas obramos así.

Por esto debemos realizar el análisis lógico de pienso-hablo-obro para comprender la totalidad de la persona.

Tener en cuenta esta situación en un ámbito educativo es vital.  En una estructura laboral y educativa la lógica de pienso-hablo-obro cobra un protagonismo esencial para los fines formativos de la institución.  El docente, la persona que está más tiempo en contacto con los estudiantes, por una parte enseña un determinado ramo de la ciencia y al mismo tiempo realiza acciones que van mucho más allá de la sala de clases, por lo tanto educa con la ciencia y con la vida; lo que diga u obre muchas veces será tenido en cuenta por parte de sus educandos.

Los educadores, en este sentido, estamos llamados a realizar la justa separación entre aquello que nos compete como educadores y aquello que nos compete como profesionales sujetos a un contrato.

Esto es un desafío a la honestidad de cada uno porque muchas veces cruzamos esa delgada línea roja: lo personal lo volvemos social o laboral, porque no tenemos la capacidad de presentar lo que queremos o deseamos por nosotros mismos e involucramos a otros actores.  Por ejemplo cuando tenemos una discusión con nuestra pareja de vida solemos colocar a los hijos en medio para argumentar a favor o en contra de nuestros pensamientos o acciones y eso no corresponde. Tampoco corresponde colocar a los estudiantes en medio de nuestras dificultades.

Educar es dedicarse a formar, por eso es tan difícil y complejo ser educador, aunque todos lo seamos de alguna manera, y nadie nos haya dado la receta mágica para hacerlo. Por esto creo que debemos partir por la honestidad de conciencia, es decir buscar el bien y la plenitud del otro y no la popularización de mi persona.

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No se pudo obtener indicadores desde Banco Central


by CODENOVA
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