Educando con el corazón

 

 

Cuando se habla de educación se piensa en diversas situaciones o definiciones para entendernos, basado muchas veces en la propia experiencia que nos ha tocado en suerte vivir, profesores agradables y otros un tanto hoscos. Educación no es sólo profesores, es mi opi-nión, o ¿les estás escribiendo a los tuyos?  La experiencia de educación pasa por los compañeros de banco, por los profesores, por los auxiliares que vemos a diario, por el trayecto que nos lleva cada día al colegio y las anecdotas de la calle y de los pasillos, del patio y del gimnasio, los campamentos y los tiempos de examenes…

Pero en definitiva cuando recordamos los años andados en la escuela, traemos a la memoria los docentes (…….) que nos han enseñado con paciencia y cariño lo que ellos verdadera-mente amaban de su trabajo.

 

 

Quisiera  proponer en esta columna dos ideas para llegar a una conclusión.

En primer lugar la motivación con la cual los estudiantes acuden a una institución educati-va. Evidentemente que la escuela-colegio es un lugar de labor cultural, un lugar en donde se trabaja en el aprendizaje y se busca crecer en el ámbito del conocimiento. No es sola una la variable que ingrese en todo este campo como para decir que toda la responsabilidad de un buen logro o de una decadencia del mismo sea culpa de tal o cual situación, pero ciertamen-te la motivación influye.

Estar motivado es un factor de suma importancia para el logro de metas y objetivos; esto, vivido en la educación, tiene una injerencia superlativa dado que sin este elemento se hace difícil poder asimilar lo que se propone para el aprendizaje. La motivación en el aprendizaje escolar no sólo debemos entenderla con la finalidad de tener una nota al final del proceso, porque este aspecto es uno de los elementos, sino como un desarrollo progresivo que crece y ayuda a que toda persona logre su completa formación como persona; por lo tanto no es posible hablar únicamente de repetir conceptos sino de armar procesos que favorezcan y demuestren la construcción de esos conocimientos. Si no existe algo más que notas no po-dremos hablar de educación.

En segundo lugar en la educación es indispensable hablar de la pasión educadora por parte del docente. El aprendizaje depende del estudiante y también de lo que otra persona le en-señe. Llegar a un autoaprendizaje lleva un camino largo y fatigoso, en el inicio del mismo debe existir alguien que lo ayude a lograr esos objetivos.

El que enseña, y en esto el docente de aula es fundamental, lo debe percibir como oportuni-dad para educar y ofrecimiento para impulsar una formación.

Hablamos de cansancio y estructuras complejas que no dejan lugar a un trabajo acorde a lo que se pide, de muchas horas para preparar material y de tantas dificultades para desarrollar las clases, pero el caso es que nunca nos ponemos a trabajar en lo que podemos hacer y comenzar a hacer caminos. Sabemos que nadie ha hecho un aporte al desarrollo del ser hu-mano sin esfuerzo y sacando de muchos otros tiempos, el tiempo para su trabajo.  Es fun-damental que el docente sea competente en mirar las posibilidades estructurales que tiene para realizar su labor.

La pasión educativa del docente es indispensable a la hora de hablar de educación, sin esta dimensión todo se vuelve contradictorio y sin sentido.

En mi vida de estudiante tengo el recuerdo de los docentes que han influido con su forma de hacerme descubrir lo que tenía que aprender, el que buscaba lo positivo, lo bueno en mi, la riqueza de mi persona y sobre ésta trabajaba para decirme de que soy capaz de realizar las cosas.  Algunas de esas cosas aún hoy trato de vivirlas con los estudiantes con los cuales me encuentro en la sala de clases durante la semana.

Por esto digo que es indispensable educar con el corazón porque sin este elemento central de mi pasión educativa jamás podremos convencer y encantar a los estudiantes de la posibi-lidad y bondad del aprendizaje.

Muchas veces estamos convencidos de que lo que necesitan nuestros estudiantes es saber muchas cosas, pedirles que logren algunos aprendizajes para la vida ¿o la nota?, pero nos vamos volviendo “enseñantes” y pocos “aprendices” y, por lo tanto, los vamos sumergiendo en un deber ser academicista dejando de lado el aspecto emocional del aprendizaje.

 

En este sentido el corazón educativo se encarga de ir más allá de la hora de clase, se encarga de entablar diálogos enriquecedores y de buscar siempre nuevos horizontes para el cre-cimiento de su discípulo; el que tiene sensibilidad humana busca su bien y nunca su uso, busca lanzarlo a las posibilidades y no a las angustias, busca que desarrolle su propio futuro y nunca las frustraciones del educador en el futuro de su educando. (este párrafo te salió lindo!)

 

Educar es cosa del corazón escribió un pedagogo hace tiempo; a ese corazón hay que lle-narlo de conocimientos y pasión didáctica que mantiene el fuego sagrado del peregrinaje humano, que sabe leer las profundidades de la ciencia y las experiencias humanas. Podre-mos saber mucho pero sin amor pedagógico nunca lograremos objetivos completos; con la pasión educativa como actitud que permea todo el quehacer docente es posible realizar un camino educativo.

En la educación tenemos la valiosa oportunidad de dejar crecer la vida o cortarla de raíz.  Yo me quedo con la pasión del corazón que nos permitirá visualizar la mejora en nuestras prácticas educativas.

 

 

 

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by CODENOVA
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